lunes, 14 de mayo de 2007

¿Será la libertad así como ellos dicen?

Por alguna razón llegó a mis manos un reportaje de la revista Sábado del mercurio (12-5-2007) sobre la comunidad ecológica cristiana de Peñalolén. Y quise leerlo para hacerme una idea de qué se trata.
Viven alejados del resto del mundo, viven de su propio trabajo en que van rotando los roles. Todos dicen haber llegado buscando a Dios. Todos, también, dicen ser libres.
Discrepo.
Por alguna razón me inquietó el testimonio de un tipo que vive adentro (26 años):

Tú puedes ver que acá somos todos sanos, que nos tratamos con cariño. Pero esto no fue así desde un principio. Cuando llegué, solía tener angustia. Uno vive con miedo respecto al futuro. Pero esas emociones no tienen lugar en mi vida actual. ¿Miedo de qué? Mañana haré lo mismo que hoy. No me sostengo por mí mismo: entre todos nos sostenemos. Ahora vivo en el presente. No tengo incertidumbres.

¿Libres?
Me dio la tremenda sensación de que todos ahí llegaron buscando quitarse las angustias, huyendo de sus intranquilidades, buscando un lugar donde vivir tranquilos. Tranquilos.
Y, a mi juicio (tal vez errado), la libertad está bien lejos de la tranquilidad. Vivir libremente no es quitarse amarras, sino hacer de la vida lo que uno quiera hacer. Llevar las riendas. Aceptarse imperfecto, vivir con eso, no esconderse, no huir.
Tiene, opino, más que ver con los verbos que se pueden conjugar que con los sustantivos que no existen. 'Libertad para..' en vez de 'libertad de...'.
"Mañana haré lo mismo que hoy", dice el tipo de la comunidad de Peñalolén...¿libre?
Muchas personas buscan un sentido, un lugar, un rol propio dentro de la sociedad. En la época medieval, probablemente cualquier hijo de vecino sentía que tenía un lugar, el que nacía artesano era artesano toda la vida; el que nacía campesino, campesino se quedaba. En realidad no había mucho que preguntarse. Estaba la seguridad de ser algo, y cumpliendo ese rol, la persona podía vivir tranquilamente, sin grandes problemas.
Pero cuando la libertad arremete contra el ser humano, nos sentimos desnudos. Cuando lo que pase con mi vida depende mucho de mí, vivimos en la inseguridad.
Y justamente en medio de esa tormenta cotidiana tenemos la posibilidad de ser libres.
¿Quién dijo que la libertad debería ser rosada?, ¿por qué habría de parecerse a un cerrito suave con pasto?
¿Por qué negar lo feo de nosotros mismos?, ¿no es in-humano eso?, ¿cómo alguien va a vivir feliz negándose?

Aquíiiiiii. Aquí, en medio de todo, se puede ser feliz.
Aquí, en medio de todo, es posible ser libres.
Aquí en medio de todo.

...y, por lo demás, es más entretenido y más hermoso así, imperfecto.

viernes, 11 de mayo de 2007

Libres para hacer de nosotros lo que queramos

Vivir nuestra libertad es parte de las decisiones que tomamos o no en la vida. Podemos, entonces, vivir siendo libres o evadir tal libertad, olvidarnos, y no pensar para sentirnos más tranquilos.
Mucha gente mal entiende la opción cristiana de la libertad, suponiendo que la Iglesia dicta los patrones de conducta para 'ser bueno'. Bueno...dichos patrones no existen. No hay largas listas que cumplir. Si bien hay sectores que las crean, que las siguen, cayendo a mi juicio en una contradicción cristiana profunda, eso responde más a una necesidad de 'sentirse buenos' que a algo esencialmente cristiano.
Finalmente esto ser cristiano es un camino hacia la liberación, y no lo contrario.

Para reflexionar sobre esto, quisiera citar una oración que encontré, que da una pincelada más cristiana sobre el relato de la Creación (note el lector que el relato del Génesis no corresponde a la forma en que las cosas sucedieron en realidad, sino a una larga metáfora de como el pueblo judío entendía la creación del hombre, pero que nos da luces para percibir cómo,
para los creyentes, entra Dios en todo esto).

No te di, Adán, ni un puesto determinado ni un aspecto propio ni función alguna que te fuera peculiar, con el fin de que aquel puesto, aquel aspecto, aquella función por los que te decidieras, los obtengas y conserves según tu deseo y designio.

La naturaleza limitada de los otros se halla determinada por las leyes que yo he dictado. La tuya, tú mismo la determinarás sin estar limitado por barrera ninguna, por tu propia voluntad, en cuyas manos te he confiado. Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo.
No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que –casi libre y soberano artífice de ti mismo– te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Podrás degenerar hacia las cosas inferiores que son los brutos; podrás –de acuerdo con la decisión
de tu voluntad– regenerarte hacia las cosas superiores que son divinas.
Pico Della Mirandola, Oratio de hominis dignitate.
Del Prefacio del libro “El miedo a la libertad” de Erich Fromm.